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Aviación

Un éxito colectivo

Iberia ha comenzado a recuperar el tiempo perdido por la culpa de la crisis y la gestión más que cuestionable llevada a cabo por el anterior equipo directivo.

Pero agua pasada no mueve molinos y hoy es un día de celebración para todo el colectivo de pilotos. No solo por la reapertura de La Habana, una de las rutas más emblemáticas de la compañía abandonada hace ahora dos años, sino por el anuncio oficial de la contratación de hasta 120 nuevos profesionales en julio, que se irán incorporando de forma progresiva a partir del próximo mes de septiembre.

La apertura de un nuevo proceso de contratación constituye un hito histórico para todo el colectivo, pero de forma especial para los segundos, después de una pertinaz sequía laboral que ha durado más de once años. Una eternidad para muchos, que ha puesto a prueba su infinita paciencia y limitado su desarrollo profesional dentro de la compañía. Hay que desempolvar los archivos de la estantería y remontarse al año 2004 para contextualizar el anuncio realizado el pasado martes en la antigua colonia española por el presidente Luis Gallego: la última contratación se llevó a cabo en abril de ese año mediante una convocatoria de 40 pilotos, que finalmente se saldó con 23 incorporaciones.

La incorporación de 120 segundos, a los que se añadirán otros 80 más a medio plazo, confirma la senda de la recuperación de Iberia y la consecución de un equilibrio entre flota y pilotos. Una situación impensable hace solo dos años, pero privilegiada para afrontar los próximos años de crecimiento previstos por IAG, que además coge con el pie cambiado a las principales compañías competidoras, inmersas en procesos de ajuste y conflictos laborales.

La apertura de veinte rutas desde 2014, el pedido de 16 nuevos aviones de largo radio, la recuperación del liderazgo en Latinoamérica, el beneficio operativo de 50 millones de euros, la apertura de la base de Barcelona y la envidiable puntualidad que disfruta la compañía han hecho posible esta profunda transformación, no exenta de grandes sacrificios. Este cambio radical supone un éxito del colectivo y confirma no solo la enorme utilidad del VIII Convenio Colectivo suscrito en abril de 2013, sino también que el diálogo y las buenas prácticas entre empresa y sindicato son beneficiosas para todos y acaban por dar sus frutos.