La aviación española ante el reto de crecer de forma segura y resiliente
En 2025 se han batido todos los récords de tráfico aéreo, pero este propio crecimiento enfrenta a la aviación a importantes desafíos para preservar la seguridad operacional y de las tripulaciones.

Artículo publicado en Expansión
La aviación comercial se encuentra en nuestro país en un momento dulce de crecimiento y consolidación a nivel global. España se ha posicionado como uno de los grandes nodos del transporte aéreo europeo, impulsado por el turismo, la conectividad y una posición geográfica estratégica. Pero esto también nos obliga a enfrentarnos a importantes desafíos estructurales para garantizar que el sector sea seguro, competitivo y socialmente sostenible.
Uno de los grandes retos para este nuevo año será cómo gestionar los grandes volúmenes de tráfico aéreo y de pasajeros. Según datos de Aena, en 2025 los aeropuertos españoles superaron todos los récords registrando 321,6 millones de pasajeros, un 3,9% más que el año anterior. Por su parte, ENAIRE gestionó casi 2,5 millones de vuelos, un incremento del 4,7% respecto a 2024, situando a España entre los países europeos con mayor volumen de tráfico gestionado.
Estas cifras sitúan al sistema aéreo español en un escenario de operación en alta densidad casi permanente, lo que reduce la capacidad de absorción de incidencias e incrementa la presión sobre las infraestructuras y los servicios de navegación aérea. En lo que respecta al factor humano, exige un esfuerzo extraordinario por parte de las tripulaciones, con programaciones llevadas al límite que incrementan el riesgo de fatiga. Y también supone un gran esfuerzo de los controladores aéreos y del personal técnico, evidenciando la necesidad de una planificación a largo plazo que refuerce plantillas, formación e infraestructuras para evitar que la presión recaiga exclusivamente sobre el factor humano.
En este contexto, el verdadero desafío no es crecer más, sino garantizar que ese crecimiento se produzca de una forma segura, resiliente y compatible con unos estándares operativos y laborales que se ajusten a la importancia estratégica del sector.
El aumento en el tráfico aéreo global también convierte en un mayor reto estratégico la seguridad operacional. La aviación comercial continúa siendo uno de los medios de transporte más seguros, gracias a décadas de avances en gestión, tecnología y formación. En 2023, según datos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la tasa global de accidentes se situó en 1,87 accidentes por millón de vuelos, una cifra históricamente baja que, sin embargo, en 2024 se ha incrementado hasta los 2,56. Aún sin tener los datos oficiales de 2025, hay que subrayar que la seguridad es el resultado de una vigilancia permanente, que debe reforzarse todavía más en contextos de fuerte presión operativa como el actual.
Acceso a la profesión de piloto
Hay otros factores a tener en cuenta en este escenario de desafíos marcados por el propio crecimiento de la aviación comercial. Por un lado, el aumento de la demanda de pilotos. Según estimaciones del sector, nuestro país necesitará en torno a 11.000 nuevos pilotos en la próxima década. Desde la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (EASA) aseguran que en 2024 tramitaron cerca de un millar de licencias iniciales de pilotos comerciales. Pero es evidente que el elevado coste de la formación, que puede situarse entre los 60.000 y los 120.000 euros, dificulta el acceso a la profesión a muchos potenciales candidatos que se quedan fuera del sistema no por falta de vocación, sino por falta de recursos suficientes.
Es cierto que algunas aerolíneas cuentan con programas de cadetes que ofrecen formación ab initio (desde cero) subvencionada de forma total o parcial. En España, Iberia asume una financiación cercana al 50%, mientras que en otros países, compañías como British Airways (Reino Unido), Air France (Francia) o Aer Lingus (Irlanda) lo financian íntegramente. Pero el modelo formativo español no contempla ningún tipo de ayuda o financiación pública. Esto es una asignatura pendiente que habría que resolver cuanto antes, ya que se trata de un serio agravio comparativo respecto a otras profesiones. Y su consecuencia es una pérdida de talento que puede complicar esa previsión de incremento de la demanda de pilotos, si además tenemos en cuenta a los muchos profesionales que van acercándose a la edad de jubilación.
Otro factor crítico es la gestión aeroportuaria. Aena ha presentado un plan de inversión sin precedentes de casi 13.000 millones de euros para el periodo 2027-2031, con el objetivo de ampliar y modernizar infraestructuras, aumentar la capacidad terminal y adaptarse a la creciente demanda del tráfico aéreo. Pero estas inversiones en la red de aeropuertos deberían tener en cuenta criterios que van más allá del volumen de pasajeros, como el impacto laboral, la capacidad real del sistema y la seguridad operacional, para garantizar la eficiencia sin sacrificar la calidad del servicio ni las condiciones de trabajo.
La aviación es un sector estratégico para España, clave para su economía y su cohesión territorial, pero su futuro no puede construirse de espaldas a quienes la hacen posible cada día. Es fundamental que el sector se esfuerce por preservar su modelo social. La precarización laboral, el uso de fórmulas contractuales irregulares o las bases ficticias no solo perjudican a los profesionales, sino que distorsionan la competencia y afectan directamente a la seguridad. Desde Sepla defendemos una aviación que crezca con sentido, que apueste por el diálogo y que ponga a las personas en el centro. Confiamos en que 2026 sea un año de reflexión y de decisiones responsables.
