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“Es el momento de que las empresas recuperen las condiciones laborales de 2019”

El sector aéreo vuelve a enfrentarse en este año 2022 a otro “verano caliente” a la antigua usanza, cuando las complicaciones venían de la saturación en los aeropuertos, los slots y las compañías operando al máximo de su capacidad en temporada alta. Parece que, al fin, quedan atrás las complicaciones derivadas de las restricciones a la movilidad, los cierres fronterizos, los pasaportes sanitarios, etc. Sin embargo, este verano será más complicado de lo que era habitual antes de la pandemia. Ya empiezan a presentarse los primeros retrasos, cancelaciones y saturaciones en aeropuertos, y las causas difieren un tanto de las conocidas incidencias meteorológicas, los fallos técnicos o conflictividad laboral puntual. El gran protagonista este año será, sin duda, la falta de personal cualificado en aeropuertos y aerolíneas. Es la herencia que ha dejado el Covid-19 al sector aéreo.

Durante los dos años largos de travesía por el desierto, muchos trabajadores dejaron la aviación en busca de otras oportunidades y muchos operadores europeos prescindieron de parte de sus plantillas. No así en España, donde los ERTE por causa de Fuerza mayor se han demostrado una herramienta eficaz para proteger el empleo y este problema se da con menor intensidad. Aun así, durante ese período, los trabajadores asumieron responsablemente acuerdos de reducción de sus salarios y de sus condiciones laborales para mantener a sus empresas a flote.

Ahora es el momento de que las empresas del sector devuelvan responsabilidad con responsabilidad y recuperen las condiciones laborales de 2019, dando por finalizados los acuerdos de emergencia Covid. Es de justicia reconocer de esta manera el esfuerzo realizado por los diferentes colectivos. Haciendo esto, volverán a hacer atractiva la aviación y podrán cubrir las miles de vacantes que se han generado y que tanta disrupción están provocando en los cielos de Europa. También las Autoridades de Supervisión deben vigilar que no se exceda la capacidad real de operadores aeroportuarios ni de aerolíneas, los cuales pueden estar tentados de programar servicios más allá de sus posibilidades con la excusa de recuperar tesorería o reducir su deuda.

En la actualidad, las plantillas están asumiendo más presión de la aconsejable, atendiendo solicitudes de horas extraordinarias o cesión de días libres. Es responsabilidad de las directivas y de la Autoridad mantener siempre márgenes operativos para evitar la fatiga en las tripulaciones y resto de trabajadores, y que en todo momento se priorice la seguridad por encima de cualquier otra consideración. En este contexto, se hace imposible imaginar una cabina de un solo piloto manejando la infinidad de circunstancias a las que se tiene que enfrentar una tripulación antes de hacer despegar un vuelo en una situación de colapso como la que se nos presenta este verano. El nivel de tensión que se genera intentando mantener la seguridad, la puntualidad y afectar lo menos posible la red es tremendo.

La búsqueda del “Santo Grial” de la reducción de pilotos en las cabinas por parte de algunos fabricantes y de la Autoridad Europea (EASA) se estrella frontalmente con la realidad de una operación sometida a numerosos factores que deben permanecer sincronizados para mantener la estabilidad de las redes aéreas. Reducir un piloto es conducir a la suma cero: en términos de seguridad y eficiencia, 2 – 1 = 0. Los experimentos se deben dejar para el laboratorio. La seguridad es la piedra angular de la industria aérea y es fundamental seguir trabajando en incrementar sus estándares. La tecnología y la automatización son siempre bienvenidas si vienen a sumar, ya que gracias a ellas se han alcanzado las más altas cotas de seguridad en la historia. Si vienen a restar, en base a motivaciones económicas, se estará poniendo la primera piedra para socavar los pilares de la aviación.