SEPLA Noticias

12/05/2022
Los inconvenientes de una acertada medida
El 31 de julio finaliza la exención de AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) para los aviones cargueros. Esta prerrogativa que se emitió en 2020 ha servido para ayudar en tiempos de pandemia a transportar mercancías en las cabinas de pasaje a muchas compañías aéreas y esto ha sido un balón de oxígeno para las compañías. No obstante, AESA ha decidido que no prorrogará la aprobación temporal de la conversión de aviones de pasajeros en cargueros.

A pesar de que son muchos los diferentes destinos en los que las condiciones sanitarias requieren un protocolo muy exigente, procedo a relatar un ejemplo con el que muchos pilotos estamos familiarizados.

¿Cómo hemos vivido los pilotos estos vuelos de carga, concretamente a China?

En innumerables ocasiones, hemos venido a China, pero solo podemos verla al despegar si aún es de día. Me han contado que hay una reserva de osos panda y que pasear por la ciudad es muy agradable, lo desconozco. Desde el momento en que nos programan un vuelo a China empieza nuestra odisea. Es evidente que estos viajes han sido el oxígeno que ha ayudado a muchas compañías a mantenerse durante la pandemia y lo agradecidos que estamos los tripulantes por haber podido seguir trabajando.

¿En qué consisten estos vuelos?

Son vuelos de carga para aviones de pasajeros que están autorizados por EASA mediante una exención para estos tiempos de pandemia y pospandemia. Consisten en transportar carga en la cabina de pasajeros cumpliendo con los requisitos de seguridad que la normativa ha marcado.  En estos momentos difíciles, ha supuesto una gran ayuda para muchos sectores, pues ha abarcado desde el transporte de material sanitario hasta otros tipos de carga que necesitaban su transporte urgente.

¿Qué diferencia tienen estos vuelos para los pilotos?

El vuelo se desarrolla normalmente como cualquier operación de largo recorrido con la reciente salvedad de no poder sobrevolar Rusia por el conflicto, lo que conlleva que se alargue la duración del vuelo y se necesiten más pilotos para realizar el recorrido. A nivel técnico resulta muy interesante. En este caso, se hacía con tres pilotos ahora requiere cuatro.

La parte menos grata es la que no tiene que ver con la profesión o el desarrollo técnico del vuelo, sino con la parte humana. Para empezar el día anterior al vuelo tienes programada una prueba PCR y una vez el resultado sea negativo puedes descárgate un código QR del gobierno chino que es francamente tedioso e incómodo de obtener. Se tiene que hacer con menos de 24 horas pues sino caduca.

A la llegada y antes de abrir las puertas del avión tenemos que estar totalmente equipados con EPI, mascarillas, guantes, pantuflas y una pantalla protectora. Este equipamiento tiene que llevarlo toda la tripulación técnica del avión (pilotos, auxiliares, load máster, mecánico, etc).

La media de horas de vuelo son aproximadamente trece horas y varía en función del día y las diferentes condiciones de carga, meteorológicas, etc. Para evitar la fatiga en un vuelo de estas características se utilizan tripulaciones reforzadas como la marca normativa.

En un vuelo habitual, el trabajo finaliza con la recogida y transporte al hotel a descansar. En el caso de China, ¡Comienza la aventura!

En primer lugar, una vez está todo preparado para abandonar el avión, los tripulantes vamos a una jardinera donde esperamos unas horas desde la llegada al aeropuerto hasta la llegada al hotel para enseñar el código QR que traemos de España. Procedemos a hacernos otra PCR. En múltiples ocasiones, ocurre que los administrativos locales consideran que hay un error con los datos de algún tripulante y hay que modificar el formulario, puede ser una letra, una “x” en una casilla, cualquier cosa. ¿Qué pasa entonces? Se necesita wifi para poder volver a rellenar todo y alguien de allí tiene que facilitar el wifi o compartir los datos del teléfono para poder volver a rellanar los formularios.

Una vez conseguimos estar todos con el código QR, nos realizan una nueva PCR a pesar de que ya nos habían realizado una en España. Hay una mesa preparada con dos personas locales, que son quienes realizan la PCR a todos los tripulantes, tardan una media de 10 minutos con cada uno porque todo va muy despacio y sus protocolos sanitarios son más exigentes. Intentamos muchas veces que realicen las pruebas bucales en vez de vía nasal puesto que lo hacen de tal manera que resulta sumamente desagradable y molesto, incluso doloroso.

No podemos dejar de mencionar que la cuestión del idioma es otra barrera y la mayoría no habla inglés, cuando hay problemas utilizan el traductor del teléfono y no resulta nada fácil el entendimiento.

Cuando has conseguido pasar los controles de seguridad, esperas en el aeropuerto con toda la parafernalia puesta (uniforme EPI, otros …), a que llegue el autobús que te lleva al hotel. Las esperas pueden alargarse mucho. Una vez llegamos al autobús, los asientos están mojados, tiene un olor fuerte a lejía o desinfectante.

Al llegar al hotel, las maletas y maletines de toda la tripulación se ponen juntas, y una persona las fumiga enteras sin tener en cuenta el contenido de estas: ordenadores, iPad, etc. El líquido que utilizan deteriora el color de las maletas y vuelve a dejar ese olor fuerte del que os hablaba previamente.

En este punto, los tripulantes uno a uno pasamos por el “túnel de lavado” o así lo llamamos nosotros, el mismo trabajador nos fumiga de pies a cabeza, y después de este proceso te tienes que cambiar de EPI y mascarilla; y se deposita todo en la basura. En el hotel, el pasillo hasta el ascensor se encuentra forrado de papel y cartón; y los números para marcar los pisos, de plástico. Llegamos cada uno a nuestra habitación, donde estaremos encerrados los días que dure la línea. A la puerta de la habitación hay una silla, donde te dejarán la comida y dejar la bolsa de la comida del día anterior.

El tamaño de la habitación es normal, a veces falla el aire acondicionado o la cisterna, pero son cosas que realmente pueden ocurrir en cualquier destino; la verdadera odisea es la conexión Wifi. Puedes pasar hasta 7 u 8 horas sin conectarte y cambiando todo el tiempo de VPN, así que durante esos días que estás allí destinado, tienes que buscar rutinas como moverte, hacer estiramientos, correr en círculos por la habitación, o realizar cualquier actividad física que libere alguna endorfina. La ventilación es complicada, la ventana se abre muy poquito.

Con respecto a la comida, nos facilitan tres comidas al día, dos de ellas calientes, llaman al timbre de la habitación y la recoges. Si de verdad deseas comer caliente deberás adaptar tu horario al horario local. Durante esos días si te encuentras con algún problema tienes que avisar vía web al chat local, aclaro que no todos hemos sido capaces de descargarlo. En el caso de que no tengas acceso al Wifi el día de la firma tendrás que asegurarte de que no hay cambios llamando a la habitación de un compañero. Llega el día de la salida y es el mismo proceso con el Wifi del hotel, si lo consigues, otra descarga de otro código QR de 24 horas de caducidad. Hay una hora de firma abajo en la recepción y solo podrás estar allí a la hora exacta o con una diferencia de cinco minutos y si te olvidas algo en la habitación no puedes volver y tendrás que avisar para que alguien del hotel lo recupere.

Una vez más, súbete a la furgoneta; obviando la posibilidad de que alguien de la tripulación dé positivo en Covid, comienza el periodo de largas esperas, equipados con el nuevo EPI, afrontando los fallos que pueda haber con el QR, una vez más pasaportes, controles, PCRs. La indumentaria debe estar correctamente puesta hasta que despegue él avión, es decir, si hay alguna demora tienes que mantener el EPI puesto. El personal local que nos atiende vigila por si alguien de la tripulación incumple el protocolo. En el momento en que se cierran las puertas del avión y comienza el retroceso empieza la sensación de que por fin vuelves a casa.

Después de esta dura pandemia, todos estamos intentando que se recupere la economía y colaborando todos en ello. Y esto esta situación se repite en todas las compañías que han realizado este tipo de vuelos. Lo que los tripulantes de todo el mundo estamos viviendo en estas circunstancias, no hubiera sido imaginable en el pasado, y creo que resulta necesario agradecer y valorar el gran esfuerzo que está llevando a cabo las tripulaciones de todo el mundo, para apoyar incondicionalmente a un sector tan brutalmente golpeado por los efectos económicos de la pandemia.

¡Feliz vuelta a casa!

Consuelo Arto

Oficina técnica del SEPLA

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