A vista de dron

15/04/2020
El avance del sector y la especialización
En este artículo queremos hablar del sector de los RPAS y sobre cómo la especialización nos puede ayudar a ofrecer servicios de valor añadido. El colectivo de pilotos de RPAS certificados, alcanza casi la cifra de 6 000 pilotos, personas que apuestan por hacerse un hueco en este mercado creciente, pero ¿cuántos de estos pilotos se han especializado?

David Madroño – Coordinador de pilotos RPAS asociados 

Vemos día a día cómo prácticamente el 100% del colectivo se dedica entre otras cosas a la fotografía y el vídeo. El error más común es calificarse uno mismo como especialista en ello por el hecho de integrar una cámara de alta resolución (FHD o 4K) en las aeronaves, y ser capaz de volar un RPA para tomar imágenes o vídeos con ella. 

Algunos clientes no requieren que los planos que se toman con los drones sean profesionales, pero muchos otros si, y calificarse como especialista en audiovisual cuando no lo somos puede dejarnos fuera del mercado, y que un cliente no vuelva a contratarnos. O lo que es peor, que entremos en problemas legales por el hecho de haber dado a entender que somos capaces de hacer algo que no podemos hacer. 

Deberíamos preguntarnos por qué hay gente que realiza una especialización de audiovisual mediante un curso o carrera técnica, en lugar de pensar que sin haber realizado estos estudios somos capaces de hacer lo mismo que hacen ellos. Este es un ejemplo de especialización, y concretamente en el entorno del audiovisual, donde estamos casi todos y donde nos encontramos mas competidores, dado que casi todo el mundo dice saber hacerlo. Por lo tanto, la batalla de precios al cliente hace que, en muchos casos, estos trabajos no sean rentables. ¿Por qué no dejar que sean los profesionales los que hagan bien el trabajo, y no perjudicar al resto del sector por querer hacer algo que no sabemos hacer? 

Juan -nombre ficticio-, cursó sus estudios de audiovisual, y se dedicó varios años a realizar eventos para los que sus clientes le contrataban. Hoy los clientes de Juan le demandan otra serie de planos, utilizando los drones como herramienta de trabajo, planos que antes era imposible conseguir. Así que Juan que es experto en audiovisual y se ha formado en drones para poder utilizar correctamente la nueva herramienta, analiza dónde se tiene que realizar el vuelo, las tomas, los planos, la luz, la óptica que utilizará, la velocidad de obturación, distancia focal e hiperfocal… realiza su análisis de riesgos y con el resultado satisfactorio de este trabajo, pone en marcha la maquinaria para conseguir sus autorizaciones minimizando cualquier problema.

 



Para preparar este trabajo, y que todo salga bien, Juan ha invertido un montón de tiempo, al que todavía hay que añadir los tiempos que le invertirá en realizar los vuelos, gestionar in-situ los niveles de seguridad apropiados para realizar las operaciones de forma segura, y cuando termine, hacer una postproducción de las imágenes, acorde a su profesión, tiempo que tiene que repercutir en su presupuesto porque nadie trabaja gratis. 

El cliente de Juan, tras ver el presupuesto, le dice que es muy alto porque tiene otros presupuestos iguales, cuyos importes son de menos de la mitad que el que él le ha presentado, y que a pesar de que le conoce de años, no puede justificar en su empresa, la contratación del servicio a ese precio. Así que Juan, a pesar de contarle al cliente lo que implica ejecutar ese proyecto, pierde ese trabajo que se lleva otra persona. 

El día del evento llega, y la empresa ha contratado a Ramiro -nombre ficticio-, un autónomo que se ha fabricado su dron en el que ha integrado una cámara compacta de última generación. Ramiro llega con una mochila, saca su dron, se pone a volar, realiza pasadas por el lugar, por encima de la gente que asiste al evento mientras todo el mundo mira el sobrevuelo del dron. Realiza unos cuantos cientos de fotos y vídeos que posteriormente monta en un documento para visualizar las fotos, corta las mejores escenas del vídeo, y entrega al cliente su trabajo final. 

El cliente, tras analizar el resultado del trabajo, le dice a Ramiro que el trabajo es un desastre, que las tomas y la luz no son lo que esperaba de un profesional, y que a pesar de que la calidad no sea la esperada, le paga el trabajo, pero no volverá a llamarlo. Ramiro lo discute, lo justifica, pero no consigue nada. Mañana trabajará con otro cliente, pasado mañana con otro y así sucesivamente 

Han pasado varios meses desde el evento cuando el cliente recibe una denuncia de un asistente al mismo. La denuncia apunta al sobrevuelo sobre personas de forma poco segura, y a la protección de datos marcada por la LOPD dado que el denunciante no había dado autorización para aparecer en esas imágenes que ha visto en la página web del cliente, y días después le llega al cliente una sanción administrativa por sobrevuelo indebido o no autorizado. 

El cliente se pone inmediatamente en contacto con Ramiro, al que intenta convencer que explique que la culpa de lo sucedido es solo suya, pero Ramiro no quiere dar explicaciones ni asumir responsabilidades. El organizador del evento llama a Juan, que sabe que es experto en los drones, y le cuenta la historia. Juan le explica al cliente que lo que le ha hecho Ramiro es una chapuza en todos los aspectos, y le hace ver, de nuevo, el motivo por el que su precio era distinto. El cliente, resignado, tiene claro que tendrá que afrontar la sanción, la denuncia, denunciar a Ramiro, pedir disculpas a sus clientes y, sobre todo, en el futuro, contratará a Juan. 

Esta historia ficticia forma parte de nuestro día a día, y aunque es cierto que las empresas que nos contratan, cada vez, saben mejor lo que tienen que hacer, todavía nos queda mucho camino por recorrer en este sector que está sufriendo este tipo de “intrusismo” por ser tan nuevo. 

¿Dónde están entonces las oportunidades para no pelearnos en el un segmento vertical como el comentado anteriormente? ¿podemos vivir ofreciendo servicios a nuestros clientes? Claro que podemos, pero necesitamos especializarnos para alejarnos de estos oportunistas en segmentos en los que la competencia existente sea sana y nos permita desarrollar nuestras habilidades. 

El sector audiovisual es uno de los escenarios, pero no lograremos hacernos un hueco en él si no nos volcamos en formarnos específicamente 

Los sectores de aplicación son infinitos, dependen de nuestra imaginación. Debemos pensar e intentar entender cómo se hacen las cosas con los medios tradicionales. Innovar y ofrecer servicios que minimicen los riesgos derivados de esas formas de trabajar, que se han utilizado siempre, y que además ahorren costes operativos a las empresas.

 

 

 

Sectores como la topografía, requieren de grandes profesionales que sean capaces de llevar a cabo trabajos extensos en menos tiempo que el empleado siempre, y la fotogametría nos ayuda a ello. Pero no pensemos que por tener un dron y manejar un programa informático, somos ya los dueños del sector. ¿Por qué no meternos en unos estudios de topografía que nos ayuden a desarrollar nuestras capacidades con los drones y ofrecer el mejor servicio? 

¿Qué se necesita analizar cuando un cliente nos propone realizar un vuelo para inspeccionar una granja solar? ¿Con qué ángulo de cámara y a qué altura hay que volar para obtener unas imágenes que nos permitan, a posteriori, entregarle al cliente un estudio de lo que sucede en su instalación fotovoltaica, las pérdidas económicas resultantes del análisis o la inversión en mantenimiento que debería de hacerse, entre otras cosas? Debemos plantearnos que, si nos especializásemos, formándonos en energías renovables, igual seríamos capaces de no solamente hacer bien los vuelos, si no de tratar los datos para poder hacer un informe correctamente, demostrando que la contratación de estos servicios son realmente un valor añadido para los clientes. 

Si me piden inspeccionar una línea de tensión, ¿saco solamente unas fotos y se las doy al cliente o soy capaz de hacer las fotos y vídeos que necesite para después poderle explicar los problemas detectados en esa línea? 

Entiéndanse estos sectores mencionados como meros ejemplos de posibilidades que pueden ayudar a diferenciarnos, pero podríamos mencionar muchos otros en los que podemos especializarnos y así crecer mediante una oferta de servicios apropiada y que nos permita alejarnos de otros congestionados. La inspección de carreteras, de puentes, de aerogeneradores, ayudas a la navegación, inspección de depósitos, vigilancia de cotos de caza y pesca, vigilancia de costas y playas, SAR, arquitectura y seguimiento de obras son algunos ejemplos. Sin duda, vale la pena invertir algo de nuestro tiempo y especializarse.

 

Artículo publicado en Mach82

 

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